Los muertos no pueden defenderse
– Buenas tardes, Roald. En el pub estaba él solo, con un vaso vacío reposando sobre la barra y cara de pocos amigos. – Buenas tardes. – Pareces disgustado. – Lo estoy —bufó—. Y tú deberías estarlo también. La recién llegada, una anciana sonriente y con aire tranquilo, negó con la … Leer más