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Ficción Histórica

La sinfonía es un relato escrito por Miguel Rodríguez Echeandía sobre el estreno en Leningrado de la Sinfonía Nº7 de Shostakovich "Leningrado".

La sinfonía

Las calles alrededor del auditorio estaban repletas de gente vestida con sus mejores galas. Era el primer concierto de la orquesta de la radio en meses y nadie se lo quería perder. El acontecimiento de esa tarde iba a ser digno de recordarse. En el interior del edificio los músicos se preparaban para la actuación … Leer más

Las sinsombrero es un relato escrito sobre el surgimiento del nombre del grupo de mujeres olvidadas de la Generación del 27.

Las Sinsombrero

El ruido de las obras de la Gran Vía se desparramaba por la calle Montera hasta la gente que paseaba por la Puerta del Sol. Cerca del casino la campanilla del tranvía tintineaba apartando a los grupitos de peatones, que se retiraban con una graciosa carrerita para evitar ser atropellados. Algún improperio barriobajero se caía … Leer más

La faena eran ellas es un relato escrito por Miguel Rodríguez Echeandía sobre una novillada organizada en Barcelona en la que sólo participaron mujeres.

La faena eran ellas

Sol de justicia y bochorno cuando casi eran las seis de la tarde. En el coso el ambiente era alegre, con las señoronas bien pertrechadas de abanicos en la sombra, los taurinos más entendidos bajo la presidencia, vendedores de tabaco, pipas y refrescos haciendo el agosto, y el olor característico de la arena, el sudor … Leer más

Le Pétomane es un relato de ficción histórica sobre la figura de Joseph Pujol escrito por Miguel Rodríguez Echeandía para el blog de su web

Le Pétomane

El despertador tronó junto a su cabeza martilleándole con el repiqueteo metálico y vibrante de la campanilla. El hombre lo odiaba, pero odiaba aún más perder horas de vida en su lecho. Pese a ser un anciano seguía levantándose pronto por la mañana para ojear la prensa y darse una vuelta por sus negocios: la … Leer más

Héroes sin rostro es un relato de ficción histórica sobre el trabajo de Anna Coleman durante la Primera guerra mundial

Héroes sin rostro

Había gentes respetables y gentes aborrecibles, y él era de los últimos. Ni su uniforme de gala ni sus brillantes medallas lograban borrar el gesto de asco en el rostro de todo aquel que le miraba. Él, que era veterano de la Gran Guerra. Por eso iba a verla, porque decían que con su arte … Leer más

Los últimos cruzados es un relato de ficción histórica escrito por Miguel Rodríguez Echeandía sobre la primera guerra mundial en Georgia

Los últimos cruzados

El sol iba ganando fuerza poco a poco sobre el horizonte. A esa hora los campesinos de las afueras empezaban a cargar los aperos tras desayunar y quitarse de encima el entumecimiento del relente. Los que tenían ganado lo pastoreaban hacia la llanura verdosa, y aquellos que trabajaban en la ciudad arrastraban los pies por … Leer más

El organista

El organista

Resonaban piedra y madera. El rosetón y las vidrieras, y los santos, y el púlpito. Resonaba bello y puro, majestuoso y redentor. Resonaba a la gloria de Dios. Los ecos del último acorde de la obra rebotaron una y otra vez entre las columnas, asombrando todavía más a los oyentes, que sabían que estaban asistiendo … Leer más

La hiena de la Gestapo

La hiena de la Gestapo

Sería justo al volante de su elegante Citroën cuando Violette reparó en cuán errado estaba el azimut de su vida. No en su juventud practicando multitud de deportes, ni siquiera cuando más tarde se aficionó a la velocidad y las carreras de coches. Como suele ocurrir fue en el fugaz final, acompañada por una familia de colaboradores nazis, cuando vio en los destellos de las armas de la resistencia francesa las decisiones que le habían llevado a morir de esa forma.

Quizá fueron la educación en un convento y su matrimonio forzado los que forjaron esa personalidad dura e inmisericorde. Ayudaría también el rechazo de su familia al declararse abiertamente lesbiana. Los años compitiendo en varios deportes, con grandes victorias pero también duras derrotas. Su afición al boxeo y sus combates contra hombres, muchos ganados por KO. Es posible que la imagen que se creó de ella, de mujer ruda, independiente y segura de sí misma, la espoleara a seguir adelante. O quizá fue simplemente cosa del destino, quién sabe. La realidad era que su cadáver yacía roto por mil balas, tirado en la cuneta para satisfacción de sus verdugos.

Todo lo que un hombre puede hacer, Violette lo puede hacer, solía carcajearse. Y vaya si lo hizo. En plenos años treinta practicaba halterofilia, boxeo, equitación y tiro con arco con la misma naturalidad que pilotaba coches, motos y aviones. Pese a ello no pudo evitar ser expulsada de la Federación deportiva femenina acusada de falta de moral al haberse sometido a una mastectomía voluntaria y vestir siempre ropa de hombre. Puede que fuera eso lo que la echó en los brazos del nazismo, convirtiéndose en espía durante los años previos a la guerra. Qué poco se imaginaban sus muchas amantes, a las que agasajaba con copas y puros en Le Monocle, que esa recia mujer sería quien firmase sus condenas a muerte.

El sufrimiento de París durante la guerra fue convertido en beneficios para Violette, que residía en una casa flotante en el Sena con el beneplácito del mismísimo Führer. Con varios negocios de estraperlo a su cargo, vivía entre algodones tras haberse ganado el respeto alemán con sus chivatazos: desde listados para las purgas hasta planos de la inexpugnable Línea Maginot. Era una loba solitaria, una superviviente capaz de hacer todo lo posible por salir adelante.

Puede que le costara dar el paso de informadora a ejecutora. Puede que el odio a todos aquellos que limitaron su carrera se lo pusiera más fácil. Eso no llegó a pensarlo en su Citroën. Lo que seguro recordó fueron las detenciones, torturas y ejecuciones que llevó a cabo desde que se unió a la Gestapo. Su crueldad era conocida en toda la ciudad, destrozando pacientemente los cuerpos y mentes de las detenidas que quedaban a su cargo hasta obtener la confesión deseada. La hiena de la Gestapo, la llamaban. Violette aplicaba en sus interrogatorios los mismos principios que durante su carrera profesional: meticulosidad, firmeza y dedicación. Su competitividad no era con otros, era con ella misma.

Cuando las cosas empezaron a ir mal decidió abandonar París. Dejó a su amante, cogió su lujoso coche, y desapareció antes de ser condenada a muerte en absentia. Poco importó eso a la resistencia francesa. Después de seguirla durante largas semanas por fin se ordenó colocar la trampa para la bestia, aprovechando que además llevaba en su coche a una familia de colaboradores del régimen nazi. Ninguno sobrevivió a la emboscada.

Quizá Violette se arrepintió con su último aliento de todo lo que había hecho. De haber dejado que la rabia y la ambición tomasen el control de su vida llevándole a lugares a los que jamás debió ir. Poco importaba ya, pues alrededor de su cadáver los gritos triunfantes de los miembros de la resistencia apagarían cualquier amago de disculpa. Su destino se había cumplido. La hiena de la Gestapo había muerto.

 

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La leona

La leona

El pueblo entero estaba revolucionado. ¡Una leona suelta por el municipio! En el caño, justo en el esquinazo de la Regadera baja, las mujeres no hablaban de otra cosa. Me ha dicho mi nuera que la vieron ayer asomada a la ermita, gritaba Dolores, que como era mayor y estaba casi sorda todo lo voceaba. … Leer más

Duelo en el foro es un relato de ficción histórica escrita por Miguel Rodríguez Echeandía

Duelo en el foro

Concluye la reunión del día y el italiano y el alemán se disponen a dar un paseo por la ciudad. El italiano quiere exhibir su poderío frente la delegación germana, todos altos, fuertes y vestidos con gruesos abrigos de corte militar para protegerse del frío romano. Montan en los coches y salen del palacio Venecia … Leer más