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Un día normal

07:00 – Suena el despertador. Lo apago y me doy media vuelta.

07:10 – Vuelve a sonar el despertador. Me consigo levantar tras escapar del abrazo calentito y suave de las sábanas. Joder qué frío hace en casa.

07:15 – Café caliente, dos tostadas, un yogur. El telediario de fondo con noticias que harían vomitar a Mr. Wonderful. Cojonudas para empezar el día.

07:30 – Recojo el desayuno, meto los cacharros en el lavavajillas y me encierro en el baño.

07:40 – Ducha caliente. Muy caliente. Al salir me doy cuenta de que se me ha olvidado traerme la ropa y me toca atravesar el frío de toda la casa hasta la habitación y vuelta. Ni siquiera la bruma que empaña el espejo es capaz de esconder mis ojeras.

8:00 – Saliendo por la puerta. Cuando he bajado los tres tramos de escaleras me doy cuenta de que me he dejado la mascarilla en casa. Vuelta a por ella.

8:03 – Saliendo por la puerta (esta vez sí).

8:15 – Cogiendo el transporte público. El primer autobús se me ha ido en las narices, creo que el conductor se ha sonreído al mirarme por el retrovisor, el hijoputa. Cuando viene el segundo quiero sentarme pero tengo que ceder el sitio a una ancianita. Que digo yo que qué puñetas hará despierta a estas horas, pero bueno.

8:36 – Intercambio de bus. Esta vez no he tenido que esperar mucho, menos mal.

8:41 – Pongo “La puerta grande” a todo trapo en el móvil en respuesta a un niñato que, acompañado por su padre, tiene el soniquete de sus redes sociales a un volumen considerable. El padre pilla la indirecta y tras mirarme fatal le dice al crío que corte el sonido. Edúcalo bien, imbécil, y no tendré que hacer estas cosas.

9:03 – Llego de una carrerita a la oficina. Matías me saluda preguntando por el partido del día anterior y Esteban tiene pinta de irse a tomar su tercer café de la mañana. Qué puto vago está hecho.

11:41 – Parada para tomar algo. Hoy Claudia teletrabaja así que me voy solo, que en la oficina las parejas de descanso son sagradas.

11:46 – Me llama el jefe. Adiós al descanso.

14:32 – El menú de hoy consiste en una deconstrucción de ensalada César que sobró de la cena de ayer y unas lentejas a medio descongelar. Una estrella Michelín como mínimo.

15:02 – Vuelta a la trinchera. Llamadas con clientes y proveedores que me apetecen lo mismo que un trago de cicuta.

17:33 – Aquí no hay nada que hacer ya: yo me piro. Que venga el jefe a llorarme si quiere.

17:43 – Otra vez al autobús. Otra vez de pie. Otra vez a casa.

18:39 – Doy un agua al táper y los cubiertos. Veo restos de café de la mañana en la encimera. Tengo que ponerme las gafas nada más despertarme que si no pasa lo que pasa.

19:00 – Vamos a hacer un poco de deporte, que si no nos atrofiamos.

19:20 – El rocódromo está a rebosar. Allí lejos veo a Laura y me entra la temblequera. Caliento y empiezo.

19:48 – Trompazo. Y con Laura delante. El ego se va al garete, creo que me he puesto coloradísimo cuando he cruzado la vista con ella.

20:28 – Ya está bien de hacer el canelo por hoy. Además me duele el hombro. Me voy a casa procurando que Laura no me vea.

21:10 – Duchado, con la ropa sucia metida en la lavadora y una nueva delicatesen en el plato: salchichas al microondas con kétchup y un poco de queso derretido encima. Qué pocas ganas de todo.

21:51 – Zapping. Mucho zapping. Al final dejo cualquier cosa porque los párpados me pesan una barbaridad.

00:12 – Abro el ojo. No sé dónde estoy. Tampoco que mi cuello podía doblarse así. Esto me va a doler mañana.

00:13 – Me levanto a rastras, reviso las alarmas en el móvil, me tapo. Joder qué frío hace en casa.

Foto de portada: ©Icons8_team

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