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Tradición

Era una barbaridad. Una tradición salvaje cuyas raíces se perdían en el tiempo pero que, lamentablemente, se seguía celebrando. Gentes de toda la comarca se acercaban al campo en el que se llevaba a cabo para tomar parte, ya fuese como espectadores o como protagonistas. Era una barbaridad pero era todo un éxito.

El lugar cambiaba cada año. Meses antes de que empezasen los preparativos, un comité recibía ofertas de los que querían acoger la tradición y decidían teniendo en cuenta todos los factores posibles. Era importante que hubiese un río cerca, que el espacio fuese lo suficientemente amplio para alojar las tribunas, el hospital de campaña y la zona de despiece, así como lugares para poner puestos de comida y bebida. Además la persona que cediese su terreno ofrecería el discurso inicial, por lo que el honor era doble.

Elegir un buen organizador era muy importante, ya que en la región se recordaba con gran pesar los fiascos de los años dos mil siete y dos mil doce, en los que los animales tardaron en morir más de lo estipulado, o la de dos mil diecinueve, la anterior a la pandemia, que a punto estuvo de ser suspendida porque el anfitrión no cumplió con todo lo acordado. Esas cosas no se perdonaban y aquel que cedía su terreno sabía que sus paisanos serían inflexibles.

La fecha también era motivo de debate. Los puristas luchaban por mantener aquella que recordaban que sus padres y abuelos les habían repetido una y otra vez de niños; lamentablemente en cada familia el día variaba, por lo que jamás había forma de ponerse de acuerdo. Otros optaban por modernizarse de una vez por todas y que se institucionalizase para siempre. Sin embargo la manera más habitual de fijar el día exacto era mucho más sencilla: calcular ciento veintiún días después de la última nevada. Así el último copo de nieve de la temporada marcaba la cuenta atrás de tan importante celebración.

Lo único que no cambiaba en la comarca era la imposibilidad de dar con el origen de su orgullosa tradición, pues nació en una época en la que el boca a boca era la única forma transmitir conocimientos de padres a hijos. Por eso esas gentes que se engalanaban para disfrutar del alcohol, la sangre y la muerte jamás sabrían la verdad: que hubo un tiempo en los vecinos se mataban entre ellos y que, tras encauzar toda esa violencia en una salvaje tradición, la región pudo por fin vivir en paz.

Foto de portada: ©Jackmac34

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