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No sucumbir

En días así, le es mucho más difícil no hacerlo. La tentación de cerrar el procesador de texto, abrir una ventana del buscador y teclear ChatGPT es demasiado fuerte. Y sin embargo se las apaña para no sucumbir.

El cliché de la página en blanco es tan manido como real. Él, que lleva años en esto, lo sabe. Lo ha hablado con colegas. Lo ha susurrado en los momentos más duros a los amigos. Pero también sabe que la única forma de luchar contra el tintineo del cursor sobre la pantalla es la de siempre: escribir. Al igual que el pintor tiene que pintar, el escultor amasar el barro y el compositor elegir la primera nota. Así ha sido y así será siempre. Al menos si se busca algo auténtico, algo real.

Hoy, ante su momento de duda, tiene una alternativa que no antes no existía: ya no hace falta que se parta la cabeza buscando una frase para comenzar, un desarrollo de situación claro, o un personaje profundo. Sólo tiene que teclear, en vez de esa primera frase, un borrador de lo que se quiere escribir y dejar que un ordenador lo haga.

Y lo hace. Vaya si lo hace.

Por eso tiene abierto el navegador con ChatGPT preguntándole qué puede hacer por él. Dispuesto a darle exactamente el tono y longitud necesarias a su texto.

Pero entonces se acuerda de las veces que se ha dado cuenta de que algo estaba escrito por un robot. Esas frases manidas, los diálogos en los que las palabras quedan extrañas, como esa vez que leyó que un protagonista le llamaba a otra “chica” sin ningún motivo. Siempre se refería a ella como “chica”. Estaba claro que su “autor” había pedido al ordenador que le escribiese un texto sobre una chica y él se siguió su orden al pie de la letra. Y nadie se molestó en corregirlo.

Probablemente la crítica lo resaltaría como una forma diferente de usar el lenguaje. Una marca de la casa, excéntrica como las jotas de Juan Ramón Jiménez o la Nivola de Unamuno. Nadie señalaría la realidad: que aquello lo había escrito un ordenador incapaz de entender que una persona real no habla así.

¿Y qué? ¿No lo hacen otros? ¿Por qué no él?

Por la honra personal frente a la comodidad. El amor propio contra la mediocridad.

Que te jodan, escribió en la casilla de texto de ChatGPT. Y cerró el buscador de internet para abrir de nuevo el procesador de texto.

La pantalla le devolvía su reflejo iluminado débilmente sobre la página en blanco.

Suspiró resignado y, sin saber a dónde le llevaría la frase que iba a comenzar, pulsó la primera tecla.

Era la única forma honrada que tenía de seguir.

 

Foto de portada: ©Pexels

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