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Manías

Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Deben ser cinco. Si no son cinco, algo malo puede pasar. Por eso siempre enciendo y apago el interruptor cinco veces. Cualquier interruptor. Todos los interruptores. No sé cuándo adquirí esta costumbre, pero desde entonces nada malo me ha pasado y por eso sigo haciéndolo. Unos dirán que es superstición, otros que es manía. Yo digo que es mi forma de hacer las cosas, y ahí nadie puede meterse.

Contar es parte de mi vida, como los pasos que hay desde la puerta de casa al ascensor —seis—, o de mi despacho al baño —doce—, o de la salida del trabajo al parking donde dejo el coche —ciento veintisiete. También cuento las farolas que hay en mi calle, las baldosas que hay rotas en la acera de la piscina, las taquillas del gimnasio y los coches que hay en una avenida.

Pero también hago otras cosas. Salir de casa con el pie derecho, por ejemplo. Si no lo hago o no soy consciente de cómo lo he hecho me invade una sensación extraña, incómoda, como si algo malo fuese a pasar. Esto también es extensible a otros, como cuando me asomo a la venta a ver salir a mi mujer por las mañanas, pensando que, si no lo hago, me arrepentiré de no haberlo hecho si le pasa algo malo.

Estas no son las únicas interferencias que afectan a mi día. El bajar y subir la guantera del coche antes de arrancar es otra de ellas, o recitar un Padrenuestro al aparcar agradeciendo a Dios sabe quién el no haber tenido ningún percance en la carretera. Lo empecé a hacer un día y desde entonces ahí se quedó, como parte de mi rutina diaria.

A la hora de comer también tengo alguna pequeña particularidad que comentar. Por ejemplo las salsas nunca pueden juntarse unas con otras. El kétchup y la mostaza, la mostaza y la mayonesa, la mayonesa y la salsa barbacoa… Todas deben ir por separado, sin contaminarse entre ellas, manteniendo sus sabores puros para mojar las patatas, el filete o lo que sea. Además cuando me quitan un plato en la comida tengo que chupar el cubierto antes de posarlo en el mantel o en el siguiente plato. Esto ya es sólo por higiene: no quiero que gotee después de haber comido sopa o partido un filete.

Pese a que mi forma de vivir puede parecer muy complicada, incluso agotadora en algunos momentos, no es para tanto. Simplemente son manías mías, como las que pueden tener otras personas. No hago ningún mal a nadie por vivir así y, por encima de todo, puedo decir sin ningún problema que, desde hago todo esto, jamás me ha pasado nada malo.

 

Foto de portada: ©Pexels

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2 comentarios en «Manías»

  1. Otro Nadal cualquiera, hay muchos por ahí. Con sus manías parece que les va bien la vida, hasta que les deja la suerte.
    Buen domingo hijo mío.

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  2. Es curioso: yo también cuento los cuadrádos de las baldosas cundo camino hacia casa, si voy sóla ..u otros enseres de la ciudad o árboles. rezar cuándo algo sale bien. No puedo comer en una mesa , o barra de bar con migas o sucia…..oler a sudor….y otras lindezas relativas a orden y limpieza..????‍♂️

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