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Los niños de Balmis

Fuimos veintidós los elegidos para la travesía. Veintidós niños de entre tres y nueve años embarcados en una corbeta llamada María Pita. Jamás olvidaré ese nombre. Como tampoco olvidaré el nombre de nuestra ama, Isabel Zendal, que era rectora del hospicio del que nos sacaron para participar en la expedición. Yo era de los chicos más mayores, por eso mi memoria guarda más datos del viaje. Los más pequeños no creo que tengan idea alguna de lo que supuso aquello.

Entré en el hospicio con ocho años. Antes de que me metieran allí me movía como pez en el agua por las calles de Santiago de Compostela, donde nací. ¿Qué iba a hacer yo, huérfano, salvo ganarme la vida hurtando un poco de pan y mendigar monedas a los peregrinos? En mi mundo me conocían como Chispas, porque siempre iba con un chisquero a mano. No me preguntéis, no sé por qué lo hacía. Supongo que la posibilidad de encender un fuego en cualquier momento era algo muy cotizado para un chiquillo pobre de solemnidad y sin hogar como yo. Cuanto más lo pienso menos imagino qué habría sido de mi si no hubiera sido por la expedición.

Recuerdo el lugar donde nos tenían, una sala a popa algo mejor ventilada que el resto de camarotes de la nave. También de los lloros constantes de los más pequeños y los enfermos al marearse. Afortunadamente no fui de los primeros en contagiarme de viruela, pero eso era cuestión de tiempo en nuestro caso; para eso íbamos en el barco. Cuando me tocó intenté llevarlo lo mejor posible: algunos chicos tenían pústulas y fiebre, de modo que ya sabía lo que me esperaba. Entre las arrugas de mi cara conservo las marcas de la enfermedad, que me acompañan desde entonces como una medalla al honor, pues gracias a nosotros se salvaron miles de vidas.

No quiero considerarme un héroe, pero de alguna manera retorcida e involuntaria lo soy. Cosas del destino. Participé en la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y el propio director de la misma, el doctor Francisco Javier de Balmis y Berenguer, reconoció mi valentía y buen comportamiento cuando llegamos a América. Igual lo hizo con todos, pero me da igual: todavía puedo verme de niño colorado como un tomate ante ese hombre alto y serio, observando por la proa un mundo nuevo que de otra manera jamás habría soñado conocer. Por mi sangre corría la vacuna para la viruela, que en esos años mataba mucho en el Imperio. La expedición supuso un avance en la erradicación del virus, y tanto yo como mis veintiún compañeros nos ganamos un futuro en la armada en pago al riesgo que, inocentemente, corrimos.

Mirando hacia atrás veo en aquel viaje el verdadero principio de mi existencia. Una vez al otro lado del Atlántico inicié una carrera que me ha llevado a formar parte de la tripulación de decenas de barcos hasta mi retirada como capitán de navío. He participado en batallas de todo tipo, incluyendo grandes victorias y tristes derrotas, siempre en defensa de mi honra y mi patria. Estoy satisfecho de lo que he conseguido; ahora, en mi vejez, puedo asegurar que ha sido una vida digna.

Hace poco un hombre me paró por las calles de La Habana, donde resido hoy en día, y se me quedó mirando muy fijamente. Tenía la cara picada de viruela, y los ojos de uno de esos niños que durante semanas vivió conmigo la enfermedad en un camarote de la María Pita. Hablamos largo y tendido recordando nuestra suerte, bebimos buen vino y fumamos cigarros. Me contó que ahora es marino mercante, y que se retiró del servicio activo en la armada por preferir la vida civil. Sin saber cómo, la noche nos descubrió en una playa apoyados el uno en el hombro del otro brindando a la memoria del doctor Balmis.

— Quién nos iba a decir a nosotros —le dije— que el virus más temido de nuestro tiempo nos iba a dar la vida.

— Es que nosotros no somos cualquiera —asintió con los ojos vidriosos de alcohol—. Somos los niños de Balmis.

3 comentarios en “Los niños de Balmis”

  1. Recuerdos de dos adultos que se encuentran , rememoran lo que hicieron de niños , llevando la vacuna de la viruela salvaron muchas vidas. Aplaudo a todos los que lucharon y ganaron.
    . Deseo que en estos tiempos , todos se unan para conseguirlo …ahora tenemos otro virus muy temido…Repitamos los buenos resultados .

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