fbpx

La primera

En el fondo sur el aire vibraba como si estuviese a punto de estallar. Los gritos tras el tifo, los bombos, las palmas al aparecer los jugadores en el campo… Tras la portería, en la trinchera, estaban ellos: los fotógrafos de prensa que, armados hasta los dientes con carretes, trípodes y objetivos, esperaban cobrar una buena pieza.

Lo que otros días era rivalidad mezclada con compañerismo, ese día se había transformado en algo diferente. Estupor. Recelo. Indignación. Había una mujer en la trinchera, algo que pese a las protestas de algunos frente al control de seguridad, era totalmente legal. Tenía un pase de prensa tan válido como el de los demás y no había discusión posible. Julia intentaba centrarse en su cámara al tiempo que evitaba toser cuando algún energúmeno lanzaba el humo en su dirección. Era su primer día. El olor a tabaco, a sudor rancio y alcohol le revolvía el estómago, pero lo que realmente la incomodaba era el murmullo burlón que se levantaba cada vez que colocaba el ojo tras la cámara.

—Mirad esto, chicos —dijo uno con una sonrisa torcida—. Nos han traído una muñeca para entreteneros.

Las carcajadas se mezclaron con el silbido lejano del árbitro iniciando el partido. Julia ignoró la pulla y revisó su equipo. No iba a permitir que un puñado de tipos con los dedos manchados de nicotina le arruinaran la oportunidad. Ella no había elegido ser la primera, pero a alguna le tenía que tocar abrir paso a las demás.

Había conseguido aquel trabajo en un periódico de tercera después de insistir y demostrar que su ojo era tan bueno como el de cualquier hombre. Pero allí estaba, rodeada de reporteros que la miraban como si se hubiera perdido al salir de la cocina.

Apretó los labios y se dirigió al borde del campo. Los jugadores corrían de un lado a otro, la pelota avanzaba entre ellos con rapidez. Julia levantó la cámara y enfocó. La luz era buena, pintando el césped de un verde dorado que bien valdría el gasto extra de la película en color. Un lateral rápido, un choque brutal, un rostro crispado de dolor. Rojo sangre; otro disparo. Sabía que tenía algo bueno.

—No te preocupes, preciosa, si no entiendes las reglas, te las explico cuando quieras —le susurró un fotógrafo con la camisa desabotonada y una risa babosa que se acercó peligrosamente a su trasero cuando se levantó para cambiar de posición.

—Niña, aparta la cámara de juguete que aquí estamos trabajando —espetó otro.

Julia no apartó la vista del visor. No tenía tiempo para imbéciles. Enfocó al delantero estrella justo cuando pateaba con furia. El portero en el aire, la red parando el balón y la tribuna en pie. Click. Otra más.

Poco después, el árbitro pitó el final del encuentro. Julia, con la emoción aún vibrando en su pecho, caminó hacia la salida de la zona de prensa. Algunos la seguían mirando con desdén, otros la ignoraban por completo. No importaba. Sabía que tenía la imagen que narraría el partido mejor que cualquier crónica llena de metáforas gastadas.

Cuando entregó las fotos en la redacción, el editor, un hombre de voz áspera y ceño fruncido, las revisó en silencio. Finalmente, levantó la mirada y la estudió con una expresión indescifrable.

—Buena captura, Julia. Mañana la publicamos en portada.

Sintió un nudo en la garganta, pero no permitió que la emoción se filtrara en su rostro. Asintió profesional y salió del despacho con la misma determinación con la que había entrado al estadio.

Antes de aceptar el trabajo el peso de saberse la primera le había hecho dudar. Ahora sabía que sus hombros estaban preparados para aguantar ese peso y mucho más hasta demostrar que aquel era su lugar.

Foto de portada: ©Pexels

¿Te ha gustado el relato?

Deja tu opinión en un comentario o si lo prefieres cuéntamelo en Twitter o Instagram.

Y si quieres más puedes descargarte mis libros Confinados y Un día en la guerra totalmente gratis en esta misma web.

¡Disfruta de la lectura!

2 comentarios en «La primera»

  1. Buen ojo!!!! Una foto en el momento justo.
    Un poco tarde para leerlo, ayer no pude. Rutita en bici con Chema y Luengo por la vía verde del Tajuña.
    Buen relato lunero.

    Un abrazo

    Responder

Deja un comentario