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La despedida

Tantos años juntos y ahora me dejas. No creas que no he pensado bien si escribirte estas líneas o no, pues sé que la posibilidad de que las leas es tan remota como que volvamos a encontrarnos. Tampoco creas que lo hago por gusto. Es un ejercicio que mi terapeuta me ha mandado porque dice que me ayudará a olvidar, pero… es que no puedo dejar de pensar en ti, en tus últimas palabras antes de desaparecer —ese escueto nos vemos luego—, y que ahora me acechan recordándome que te pude haber respondido algo amable en vez de simplemente sonreír y darte la espalda. Como si un “te quiero” hubiese podido cambiar una decisión que al parecer ya habías tomado.

No creas que no soy consciente de que nuestra relación ya no era la misma. Podría achacarlo al desgaste de los años o a la dejadez a la que lleva la confianza, pero no voy a poner excusas. Sé que ya no soy el mismo joven de buena planta y piel de seda con el que empezaste a salir, pero el tiempo pasa para todos; para ti y para mí. La rutina del día a día tampoco ayudaba, siempre tú por un lado y yo por otro, sin tiempo apenas para estar juntos. Era nuestro trabajo, el tuyo y el mío, jornadas enteras sin vernos y otras pasando el día pegados en un abrazo eterno que no podíamos deshacer. Pero abandonarme así, sin una triste explicación, sin siquiera enfrentarte a la realidad diciéndome a la cara que te ibas… eso no se hace. Eso es de cobardes.

No sé si nuestros amigos comunes o los vecinos de abajo te verán alguna vez. No sé si te enviarán estas líneas para intentar hacerte reflexionar y volver. Me da igual. Creo que jamás podría confiar en ti de nuevo, por lo que mejor ahórrate cualquier intento de reconciliación si es que tienes en mente alguno. Es lo que tiene la confianza, que o es plena o no existe. No se puede confiar a medias, y desde luego yo no voy a perder más tiempo contigo.

Tampoco creas que soy un desagradecido, intentaré mantener los buenos recuerdos de la relación y olvidar los malos. Sólo alguien mezquino hace lo contrario. Jamás olvidaré tu sonrisa y tus chistes malos, esos que a fuerza de oírlos me acababan haciendo reír. Fuiste un buen novio durante todos estos años y aunque me cueste reconocerlo espero que tú también guardes un bonito recuerdo de nuestra relación.

Ojalá te vaya muy bien donde quiera que hayas ido, y que no vuelvas a aparecer jamás en mi vida. Adiós para siempre.

El que fue tuyo hasta que nos metieron en la lavadora,

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