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Ice Mic

Cuando Ice Mic terminaba una sesión de grabación, la industria se tambaleaba por completo. Los dueños de la discográfica se frotaban las manos ya que él era de los pocos artistas que todavía conseguía vender discos a millares. Todos los festivales y salas de conciertos se afanaban en conseguir fechas ya que sabían que las entradas se agotarían en apenas minutos. Incluso la prensa guardaba un hueco para tratar la nueva polémica en la que seguro se metería en alguna de sus letras.

Los más felices por el anuncio eran, obviamente, los fans, y no sólo por poder escuchar los nuevos temas compuestos por su ídolo. Era por la posibilidad de coincidir con él en su habitual fiesta de lanzamiento. Ice Mic gustaba de darse baños de masas y por ello alquilaba la discoteca más grande de la ciudad y la abría a todo aquel que quisiera acompañarle. Una excentricidad que se convirtió en tradición ya desde el lanzamiento de su primer disco.

En cada fiesta se elegía cuidadosamente una temática para decorar el local y dar nombres a las bebidas. También se encargaba un photocall, bailarines y pirotécnicos. Todo para convertir el lanzamiento en un acontecimiento que nadie quisiera perderse. La planificación era tediosa y sobre todo muy cara, pero poco importaba cuando el resultado era convertir a Ice Mic en el artista más influyente del sector.

La noche siempre empezaba de la misma forma: apertura de puertas a las diez y media, y cuando el ambiente ya estaba caldeado empezaban a tocar grupos personalmente elegidos por el anfitrión. “Yo soy quien soy porque alguien me dio una oportunidad”, decía Ice Mic cada vez que le preguntaban por ello, “y es justo que ahora yo haga lo mismo”.

El momento estelar se producía cuando el anfitrión entraba en el edificio. Las luces bajaban de intensidad, la gente enloquecía y un potente cañón iluminaba la puerta lateral en la que el protagonista de la noche ya estaba perfectamente colocado. Así se iniciaba una procesión que terminaba en el balconcillo del primer piso, donde Ice Mic saludaba a todos sus seguidores. Para entonces el reservado ya estaba lleno de chicas jóvenes con ganas de conocer a su ídolo.

Sin embargo la noche no acabaría como ellas deseaban, pues si bien beberían y lo pasarían bien, ninguna de ellas llegaría a estar cerca de Ice Mic. Para cuando la fiesta alcanzase su punto álgido y todas las copas se alzasen en honor a su anfitrión, Andreas da Sousa, conocido artísticamente como Ice Mic, estaría conduciendo solo a través de las calles vacías de la ciudad añorando la tranquilidad que tenía antes de saltar a la fama.

 

Foto de portada: ©ktphotography

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