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Estraperlo

Esta es la mejor época del año para nosotros, por eso arriesgamos un poco más de la cuenta. No importan ni la nieve, ni el frío, ni el hielo. Una patrulla nos siguió en la última batida durante cinco horas hasta que logramos perderlos. La ventisca ayudó, pero nos obligó a abandonar mucha carga y Perico perdió dos dedos del pie. No será porque no le he repetido mil veces que esas botas suyas serán muy cómodas pero poco abrigadas, pero ya sabes cómo es. Por un oído le entra y por el otro le sale.

El paso de arriba está cerrado con este tiempo, así que sólo nos quedan dos. Eso sólo facilita el trabajo a la Guardia Civil, pero sabemos escabullirnos en la noche. Somos ocho porteadores, cargando cada uno con dos mochilas, lo que hace cada paso muy rentable. Quién iba a pensar que este trabajo volvería a convertirse en imprescindible, que nuestras necesidades volverían a estar subyugadas por la política. Yo no, desde luego. Jamás pensé que podrían llegar tan lejos. Y ahora veo claro que ese fue el problema. Que no lo vimos venir.

Te cuento esto porque creo que debes de saberlo, porque tarde o temprano me pillarán o perderé la fuerza en las piernas, y cuando eso pase alguien deberá continuar mi labor. Pero sobre todo es importante que recuerdes que esto no siempre fue así. Antes, cuando yo era niño, las bibliotecas eran libres, y en ellas había centenares de libros con portadas de colores. Los libros rojos que tú conoces, todos iguales bajo la lupa de la censura, no son nada al lado del saber que hay en el mundo. Las historias están modificadas, los personajes adulterados, y a los textos que no se han escrito bajo sus órdenes les faltan páginas. No creas lo que te dicen en la escuela. Desconfía de cualquiera que esté de alguna forma relacionado con ellos. No cometas el mismo error que nosotros.

Mañana saldremos otra vez. A cruzar la frontera por esos pasos recónditos como hicieron antaño nuestros antepasados. Pensé que este viejo oficio era ya sólo parte de las historias, pero no nos dejan otra opción. Los que creemos, los pocos que seguimos hambrientos, debemos seguir adelante. A cualquier precio. Sin desfallecer. No es alimento lo que necesitamos, al menos no alimento para nuestros estómagos, pero para nuestros espíritus, ese es el alimento que nos falta. Por eso nos la jugaremos de nuevo, una y otra vez hasta que las fuerzas nos abandonen o sus espías nos cacen.

Te dejo ahora, debo dormir. La baja de Perico nos retrasará, pues es un buen guía, y eso nos obligará al resto a estar más alerta. Cuando el viento nos muerda y oigamos los perros detrás necesitaremos coraje y temple, y eso sólo se consigue dejando reposar al cuerpo. Qué triste tiempo nos ha tocado vivir.

Levanta, antes de irte, el tercer escalón, el que está suelto, y tráeme uno de los que escondemos. El que sea. Cualquier lectura me servirá para recordar por qué lo dejé todo y me vine aquí, al norte, a pasar la frontera y dedicarme al estraperlo de libros. Un par de líneas reconfortarán mi ánimo, ahora que en nuestro país leer lo que no se debe es el más grave de todos los delitos.

 

Foto de portada: ©Brian Merrill

 

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