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El vecino nuevo

Hoy el vecino nuevo me ha pegado un susto de muerte, ya que no le he oído venir por el descansillo y su saludo casi hace que me de un ataque. Se ha mudado hace poco al piso que ha quedado vacío después de que el último inquilino desapareciese. Dice el taxidermista del segundo que la policía encontró todas sus cosas en la casa, pero de él ni rastro. A saber qué habrá pasado.

El vecino nuevo es un tipo mayor, alto y delgado, con un grueso mostacho plateado y unos ojos azul eléctrico muy inquietantes. Las dos o tres veces que he coincidido con él en la escalera iba vestido de la misma forma, con unos pantalones de pana marrones, chaqueta verde de tweed y un curioso bombín también verde. Y las dos o tres veces me ha preguntado, con su leve acento extranjero, por el inquilino desaparecido. No entiendo ese interés en saber qué ha ocurrido con él.

Esta mañana, cuando me ha pegado ese susto de muerte, me he fijado en que no parpadeaba ni una sola vez, clavando sus ojos en mi rostro mientras preguntaba de nuevo por el chico desaparecido. Qué incómodo.

Ahora voy camino de ver a un amigo que se dedica a vender antigüedades, ya que al parecer tiene algo que contarme. Cuadros, muebles, joyas, documentos… de todo y todo muy interesante. Sobre todo le gustan los objetos con historias truculentas, ya que así puede utilizarlas para atraer aún más al posible comprador. Si tiene amores o muerte, dice, es venta segura.

Llego a su tienda y mi amigo me saluda desde lejos. Está atendiendo a una señorona con muchas pieles y no seré yo quien le estropee el negocio. Él vive por y para esas señoronas. Por eso me dedico a deambular por la tienda toquiteando por encima lámparas de latón, curioseando cajas de música y demás achiperres interesantes que tiene por ahí.

En mi búsqueda me encuentro con un espejo que me mira con unos ojos azul eléctrico que me paralizan. El sombrero verde, la chaqueta de tweed, el bigote canoso… todo está reflejado en el espejo: en la pared cuelga un cuadro que representa a mi vecino a la perfección.

–          Vaya, ya lo has encontrado.

Mi amigo me mira sonriente y señala la imagen de mi vecino nuevo.

–          ¿De dónde lo has sacado?

–          Eso es lo que te quería contar: un pardillo vino el otro día y me dijo que me lo vendía al precio que yo le dijera… investigué un poco y resulta que este es un lienzo muy especial, es el único autorretrato de Angus Baker Holmes, un pintor de principios de siglo XX que se está revalorizando muchísimo. Una joyita que me salió por cuatro perras y… ¿qué te pasa? ¿te encuentras bien?

–          Sí, no te preocupes… ¿era eso lo que querías contarme?

–          No, no, lo mejor es que al hacer los papeles de la compra me di cuenta de que el tipo este vive en el mismo edificio que tú… ¡el pardillo es vecino tuyo!

Tragué una saliva inexistente y resoplé aterrorizado.

–          Te equivocas —susurré—. Era vecino mío. Y creo que ya sé por qué desapareció sin dejar rastro.

 

Foto de portada: ©Skitterphoto

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