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El taxista

Reduce la velocidad según se aproxima a la fila de coches blancos y aburridos que, como el suyo, esperan a la clientela. Ha escogido una de las hileras de taxis por puro azar, pues sabe que se coloque en la que se coloque los compañeros ya le han tomado la matrícula y no le dejarán adelantarse en la elección del viajero. Se rasca los ojos, cansados y oscuros de tantas horas tras el volante, y apaga el contacto.

   – ¡Hombre, Fermín, cuánto tiempo!

   – Ya ves —responde nada más salir de su coche con tono desenfadado.

   – Parece que hoy de media hora no nos libra nadie.

   – Que sea menos, que esta es la última carrera del turno.

   – Qué suertudo… ¡yo acabo de empezar la jornada!

Al final la cosa se demora menos de lo esperado, pero aun así cada instante allí parado se le hace eterno. En la salida del aeropuerto las conversaciones giran sobre temas banales, desde los estudios de la niña hasta el inverosímil resultado de algún partido de fútbol. Todo insustancial a la espera de un cliente.

Por fin la fila avanza entre noruegos, ingleses, americanos y un grupito de japoneses de lo más gracioso. Todos camino del centro de la ciudad a bordo de los anodinos y blancuzcos taxis. Cuando llega su turno un tipo trajeado con una maleta a cuestas le hace una seña. Sin siquiera mirarle se aparta el móvil de la oreja y le da el nombre del hotel al que debe llevarle. Es una suerte, piensa el taxista, me queda cerca de casa.

La conversación que mantiene el cliente es muy tensa. Habla de fallos de organización, de su ponencia y de la falta de profesionalidad de los envidiosos que ya quisieran llegar a doctor. Porque él es señor doctor, lo dice muchas veces. Al poco suelta un improperio y cuelga chasqueando la lengua.

   – Disculpe el espectáculo —dice al taxista—. Es que hay gente que…

   – No tiene por qué disculparse.

   – No, pero entiéndame, es que hay cosas que no son de recibo. Si yo le contara…

   – Por mí no se corte. Va en la tarifa —responde sonriente.

   – Pues mire, ya que me lo permite…

El cliente se atusa el pelo y empieza a perorar sobre un simposio de física al que le han invitado. Él, que es doctor en física, va a hablar sobre nuevas investigaciones sobre la Cromodinámica Cuántica, y al parecer algún becario ha perdido su presentación.

   – Entenderá usted la faena.

   – Entiendo, entiendo.

   – Pues eso, que qué falta profesionalidad. La gente hace las cosas por hacer, y así va España.

   – Bueno, hombre, algo podrá hacerse…

   – Es que no es tan simple —replica el otro volviéndose a recolocar el pelo—. La Cromodinámica Cuántica es algo muy complejo; no todo el mundo está preparado para comprenderla.

   – Claro, claro…

   – Pero bueno, que no quiero aburrirle. Qué va a entender un taxista como usted de una de las teorías físicas más complejas que hay…

   – Tranquilo, por mí no se preocupe.

Al poco llegan al hotel de destino, donde el conductor se baja para ayudar con la maleta, cobrar y despedirse. Es entonces cuando, al enfilar el camino de casa, de un rincón donde estaban controlados y casi olvidados, los nervios le asaltan de nuevo. El taxista se convierte de pronto en un amasijo de dudas y acelera hasta llegar al garaje.

   – Hola, papá —saluda nada más entrar en el salón de su casa.

   – Hola, hijo, ¿qué tal el turno de noche?

   – Largo y pesado. Lo habitual.

   – Gracias por echarme un cable con el taxi.

   – Ya ves, menudo problema.

Se acerca a la cocina, da un beso a su madre, y niega con la cabeza cuando le ofrece un café. Mira el reloj. Puede que ya hayan colgado los resultados.

Con un rosario de nudos apretándole los intestinos se encierra en su habitación y enciende el ordenador. En apenas dos clics encuentra el listado que busca. El corazón se le para durante unos instantes mientras un archivo se descarga y se abre ante sus ojos. Después los hombros se le caen, el aire se le va del cuerpo y una tímida sonrisa aparece en la comisura de su boca.

A su mente viene la imagen del último cliente de la mañana. Si él supiera, piensa,  que el simple taxista que le ha llevado al hotel es el nuevo catedrático de la facultad de física de la universidad.

Foto de portada: © Wikipedia

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