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El sueño

Por la mañana, cuando se levante, no se acordará de nada; pero esta noche va a soñar muchísimas cosas. Acaba de llegar a casa después de pasarse todo el día trabajando y toda la noche bailando. Menos mal que sólo iba a tomarse una rápida. Tiene los pies cansados, pero por suerte el calzado es cómodo, el adecuado para aguantar largas jornadas laborales de pie. Se ha desmaquillado y puesto el pijama, y nada más acostarse se sume en el más profundo de los sueños.

Abre los ojos y lo primero que piensa es que se ha caído. Está tirada en el suelo, sobre la yerba, y todo a su alrededor parece enorme. Parpadea dos veces y se da cuenta de que, en realidad, la que es pequeña es ella. A su lado un niño le lee cuentos bajo el sol, y el aire huele a verano y a mar. Intenta echar una mano adelante, tocar a ese niño que lee en voz alta y le enseña los dibujos de un libro, pero su mano es torpe y acaba tocándose los caracoles pelirrojos que le cubren la cabeza.

En ese momento se hace noche, y ella va caminando por la linde de una carretera entre pinos con una linterna que suelta flashazos naranjas en la diestra mientras agarra la mano de un adulto que con su zurda. Ya no es tan torpe, y cuando llega al final del camino se quita las chanclas y camina sobre la arena hasta llegar al lugar donde las olas rompen contra la playa con gran estruendo. Mira la negrura del agua, a las luces de colores que marcan las puntas de las cañas de los pescadores, y agita la mano despidiéndose del mar hasta el año siguiente.

De pronto un nubarrón de tristeza se le mete en el cuerpo agitando su sueño. De alguna parte le caen encima dudas que antes no tenía, problemas que nunca antes le habían preocupado, miedos que la paralizan…  Es algo nuevo, algo que jamás había sentido, pero contra lo que sabe que tiene que luchar. La oscuridad que ha convertido su sueño en pesadilla parece haber llegado para quedarse, pero eso no significa que no pueda controlarla. Sólo tiene que dar con la manera adecuada para hacerlo.

Son las dos de la tarde y la alarma que puso antes de dormirse empieza a sonar. Por un instante cree recordar el sueño que le ha zarandeado durante toda la noche, pero lo único que puede traer de vuelta a su mente es una sensación agridulce que no le disgusta del todo.

Se levanta de la cama y hace café. Mientras espera se recoge la melena pelirroja en una coleta y se lava la cara. Se mira al espejo y sonríe. No sabe por qué, pero esa mañana se siente muy orgullosa del camino que le ha llevado a convertirse en la mujer que es.

 

Foto de portada: ©Geralt

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