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El partido

El partido es bueno para toda la sociedad. Habrá quienes lo critiquen y a quienes moleste, pero es inútil verlo de otra forma.

El partido es bueno, primeramente, para los equipos que lo juegan. Ganan dinero vendiendo entradas, camisetas, recuerdos… futuros fans de la escuadra ganadora llegarán a su salón de trofeos a ver la tan preciada copa, y los derechos televisivos por la retransmisión internacional seguro son suculentos. Los patrocinadores, los premios de la competición, el prestigio… millones y millones tan sólo por jugar un simple partido.

Seguidamente están los aficionados, esos que viven por y para su equipo y que lo tienen como eje central de sus vidas. Los más fervorosos viajarán a verlo en directo, llegando incluso a gastar un dinero que no tienen por vivir la gesta con sus héroes. Del niño que ve su primer partido hasta el anciano centenario que aprovecha la ocasión para saltarse las recomendaciones del médico —porque un día es un día—, todos disfrutan de una vivencia única con la que salpimentar sus monótonas y grises existencias. Celebrar la victoria, gritar con sus hermanos de trinchera deportiva, emocionarse, vivir. Ese espectáculo lo es todo para aquellos cuya existencia se define por el número de socio de su club deportivo.

La prensa también es beneficiada por el partido: crónicas y crónicas que se escribirán solas, jugadas polémicas que analizar hasta la absurdez, declaraciones, comentarios… Mil y un puntos de vista con los que llenar horas de informativos y decenas de portadas haciendo mucho más sencillo el trabajo de los especialistas. No tendrán que buscar la noticia pues la noticia les encontrará a ellos.

El partido es, además, bueno para otras personas. Lo es para los dueños de bares y restaurantes, que se saben el centro de reunión para ver la contienda. Por eso aumentan sus reservas de alcohol, ya que gane quien gane siempre habrá una afición deseosa de llevar la celebración al día siguiente. También es buena jornada para los vendedores de petardos, bengalas y cohetes; es sabido que una celebración sin pólvora es menos celebración y las explosiones acompañarán a los ganadores hasta bien entrada la noche. Cavas de puros, kioscos, todos tienen motivos para alegrarse al ver sus ventas subir aunque sólo sea por un día.

Pero por encima de clubes, aficionados y vendedores, el partido es bueno para los políticos, que saben que al menos durante unos días la turba estará adormecida y asuntos como la inflación, el paro y la corrupción pasarán a un segundo plano pese a seguir siendo las verdaderas amenazas a la vida en sociedad.

 

Foto de portada: ©Pexels

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