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El hueco

Mi trabajo consiste, generalmente, en buscar huecos. Un hueco para meter una habitación más, para reforzar el tabique, para que el pilar central no moleste… Todo eso sobre un espacio finito que hay que llevar al plano. Y en esas estoy ahora, a las cuatro de la mañana, con el enésimo café del día enfriándose junto al portátil y los planos del edificio extendidos sobre la mesa. Buscando un hueco.

El encargo no viene de ningún cliente insatisfecho, qué va. Este lo hago por cuestiones personales. La obra en la que estamos inmersos acaba de empezar y creo que en el sótano podré encontrar el hueco que necesito. Dar el cambiazo a los planos será fácil, me llevo muy bien con el jefe de obra y nadie sospechará nada. Sólo necesito un espacio de unos dos o tres metros cuadrados, no debería resultarme difícil encontrarlo.

Suena el teléfono y me da un susto de muerte. Es mi tía, que desde lo del juicio no levanta cabeza. Mi tío siempre fue un broncas, pero ninguno esperábamos que le imputasen tres asesinatos. Aunque claro, sus asuntos nunca han sido demasiado limpios y todos sabemos que el dinero que tiene no lo ha ganado de forma legal precisamente. Poco importa. Siempre he tenido una estupenda relación con él, y gracias a su ayuda conseguí acabar arquitectura, por lo que no seré yo quien le censure.

Le pego un sorbo al café, que ya está peligrosamente frío, y vuelvo al plano. En el ordenador, el fondo oscuro del programa de diseño hace que me piquen más todavía los ojos. Estoy agotado pero no puedo detenerme.

El hueco tiene que estar en un lugar lo suficientemente amplio para que nadie se pregunte por qué ese muro está un metro mas a la derecha de lo que debería. Tampoco puede alterar la simetría ni la estructura del edificio. Es un trabajo difícil, el de encontrarlo, sobre todo con los planos ya aprobados, pero no puedo darme por vencido.

Vuelve a sonar el teléfono, esta vez es mi primo. Le intento animar y le digo que todo va a salir bien. Pobre hombre, mi tío. Un tipo tan fuerte como él rodeado por una familia de pusilánimes que no saben aguantar el tipo cuando vienen mal dadas. Menos mal que tiene a Enrique, su segundo, para ayudarle en los momentos difíciles.

Nada más colgar me zambullo por última vez entre cotas y proporciones y doy con el plano definitivo. He ampliado medio metro el hueco de una escalera y, al ser doble, puedo hacer lo mismo por el otro lado para sacar, entre ambos muros, el espacio que necesito. Después de imprimir los nuevos planos y guardar el archivo en nuestra base de datos salgo de la oficina y llamo a Enrique.

    – Ya lo tengo.

    – Nos vemos donde siempre.

Precavido, miro alrededor y me monto en el coche. Ahora toca dar los pasos adecuados para librar a mi tío de la cárcel, y el más importante está en marcha. Ya tenemos el hueco para esconder los cadáveres.

Foto de portada: ©3844328

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