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El cáncer os hará libres

Última hora: Elías Bergmann, el conocido magnate farmacéutico, ha revelado que sufre un cáncer terminal. Al no tener herederos, ha decidido repartir su fortuna sorteando un millón de euros cada mes entre los ciudadanos pero, para poder llevar a cabo el sorteo, ha solicitado al gobierno acceso a las bases de datos de la Seguridad Social y Hacienda.

La primera reacción fue de esperanza y gratitud: Colas en los ayuntamientos para renovar la documentación. Programas especiales. Historias de ganadores con lágrimas en los ojos. Una enfermera viuda. Un frutero de barrio. Un violinista que tocaba en la calle. Toda la nación estaba enganchada al sorteo como si fuera el último reality. Pero esta vez era un reality real. De los que cambian la vida a la gente.

Las cosas se torcieron con el quinto ganador: el cuñado del ministro de Sanidad. Y con el sexto: la exmujer del secretario de Estado. Fue entonces cuando empezaron a aparecer las primeras pintadas: “El cáncer os hará libres”.

Era el lema de un grupo anarquista radical vinculado a un atentado contra una sede de lotería. Habían difundido un manifiesto denunciando la manipulación de los sorteos, acusando al gobierno de entregar datos personales a Bergmann. Se declaraban enemigos del azar y de la falsa libertad. La respuesta estatal les pilló totalmente desprevenidos, pues en boca del Ministro del Interior se escuchó algo que jamás habrían esperado oír: “Estos patriotas no son nuestros enemigos. Son la prueba viva del entusiasmo nacional. Son la voz del pueblo”. “El cáncer os hará libres” comenzó a aparecer en camisetas oficiales. Se proyectó en la fachada del Congreso. Fue la idea central de la siguiente campaña electoral.

El grupo terrorista fue exterminado sin juicio. No literalmente, sino de una forma peor: socialmente. Políticamente. La gente abrazó la frase como un eslogan de venta de refrescos olvidándose de su origen. Las ansias de libertad fueron domesticadas. “El cáncer os hará libres”, cantaban multitudes sin saber si era devoción o miedo. Sólo querían su oportunidad en el sorteo, que seguía dejando felices ganadores. Un profesor jubilado, una joven estudiante…

Los informes empezaron a filtrarse. Los ganadores compartían perfiles genéticos impecables: sin mutaciones, sin enfermedades heredadas, sin trastornos mentales. Y por supuesto sin antecedentes penales.

    — No es azar —advirtió un catedrático de universidad en televisión—. Es selección.

Las calles ardieron.

Un vídeo mostraba cajas marcadas saliendo de oficinas gubernamentales cuyo rastro se perdía para siempre. El ministro negó vínculos. Un diputado opositor denunció que su número fue excluido sin explicación.  Hubo disturbios. Hubo muertos. Hubo silencio.
El presidente, serio, ojeroso, anunció un comunicado urgente en horario de máxima audiencia:

Elías Bergmann ha muerto. Su legado continúa. Su legado es eterno.

No hubo cuerpo. Ni certificado de defunción. Ni duelo.

El dinero seguía llegando, pero siempre a los mismos. A los limpios. A los perfectos. Y entonces apareció la Fundación Global Vitae, recién registrada en un paraíso fiscal, prometiendo investigaciones para lograr una “salud predictiva mundial”. Los pocos periodistas que se decidieron a investigar pronto encontraron nexos entre la fundación y destacados miembros del gobierno. Por alguna razón, ninguno quiso seguir haciéndolo.

Mientras, en las calles, la frase seguía viva: “El cáncer os hará libres”. Tan viva como carente de significado. Vacía de protesta.

Ya nadie sabía si era amenaza, oración o condena. Solo que ya era parte de su sociedad.

 

Foto de portada: ©Pexels

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1 comentario en «El cáncer os hará libres»

  1. Pufffffffff que tensión!!!!
    Parece el congreso en un día de trabajo.
    Un domingo más de relatos, muy agradecido por tus letras.
    Un abrazo

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