fbpx

El buscavidas

Ahí está otra vez, paseándose como si la calle le perteneciera. Con una chulería natural que le hace creerse el dueño del barrio. Vive en mi misma calle, al lado de la charcutería, junto al descampado con otros desharrapados como él; aunque él tiene algo diferente, una forma de moverse que le hace superior al resto. Es un vagabundo, sí, pero además es un tipo duro. Le he visto pelearse muchas veces con los de su calaña por las más estúpidas razones y siempre sale victorioso. Fruto de alguna de esas broncas es el tajo que cruza su rostro dándole un aire hosco que de alguna manera le hace todavía más interesante.

Sin embargo no todo son broncas en su vida, ya que acostumbra a invitar a sus compinches a un bocado agazapados en cualquier portal, compartiendo lo que a buen seguro habrá robado del establecimiento más cercano a plena luz del día. Nada le importa ni nadie le molesta, y cuando las cosas vienen mal dadas sabe dejar la pelea y escabullirse sin que le puedan seguir la pista.

Aunque parezca increíble pese a su fama de marrullero y de amigo de lo ajeno goza de la simpatía de algunos vecinos que no dudan en convidarle cuando le ven pasar, disfrutando de su compañía al menos durante unos minutos. Y es que el jodío es un cachondo, en el fondo. Divertido y que sabe mirarte como si no existiese nadie más importante para él en el mundo. ¿A quién no le gusta que le miren así? Por eso no es de extrañar que además sea afortunado en amores. Es guapo, hay que reconocerlo, tiene buena planta, con su pelo rubiato y los ojos azules que sabe entornar para camelarse a cualquiera. La voz suave y bien colocada tanto para pedir como para amenazar. Normal que se trajine a la que le de la gana cuando le da por ahí. Con su fama de malote y su labia de buscavidas encantador engatusa a todas las chicas.

Ayer me lo crucé por la calle y se me arrimó peligrosamente. Nunca se sabe si viene de buenas o de malas por lo que preferí, haciendo como quien no quiere la cosa, cambiarme de acera y seguir camino de casa. Él pareció no darse cuenta en un principio, pero al mirar atrás vi que me observaba con una sonrisa maliciosa cruzándole el rostro. Después movió su poblado bigote y siguió camino como si nada. Como ya he dicho cuando quiere es un tipo peligroso, así que no es que le evite por cobarde. Sé de varios que han tenido más que palabras con él y guardan buenas marcas en el cuerpo como recuerdo. Por no mencionar a aquel primo suyo que salió mal parado de una riña y hubo que llamar para que lo llevasen a curar. No sé qué fue de él pero por aquí no ha vuelto a aparecer.

Dicho todo esto no quiero que parezca que todo en él es malo, pues en el fondo a mí me cae bien. Creo que incluso le envidio un poco. Sus ademanes seguros, su forma de encarar la vida con esa libertad que le da no tener nada que perder… la verdad es que no me importaría cambiarme por él durante unos días. No vive nada mal para ser un gato callejero.

Deja un comentario