fbpx

Desubicado

Cuando el resto reía, él estaba serio. Cuando se enfadaban, él bromeaba. Nunca acertaba, nunca seguía la corriente. Tampoco lo intentaba. Él iba a su aire, pasando de todo y de todos, sin mostrar interés alguno en encajar. Ajeno a lo demás y los demás.

Podría decirse que siempre había sido así. Que desde joven mostró una personalidad fuerte, una individualidad imposible de satisfacer, pero sería mentir. De niño era cercano y receptivo, simpático, elocuente y leal. Feliz de estar con los suyos y de ver cómo su pandilla aumentaba con nuevas incorporaciones que él intentaba hacer encajar para que todo el mundo se sintiese a gusto.

Sin embargo los años pasaron, y como acostumbran no lo hicieron en balde. El momento de madurar y convertirse en un adulto funcional pasó por él sin hacer mella, alejándole poco a poco de ese grupo de amigos alrededor del cual giraba su vida. El que no se iba a estudiar fuera encontraba un trabajo, se casaba, tenía hijos o directamente ya no quería pasarse las horas muertas en un banco del parque con una cerveza. Lo que antes era un plan perfecto de pronto se había convertido en algo impensable para los demás. Y él no lograba entender por qué.

Los años desojaron calendarios y la situación no mejoró. Empeñado en vivir una vida sin responsabilidades, las amistades de antaño quedaron en simples recuerdos que reaparecían para felicitar las navidades o el cumpleaños. Las arrugas se atrincheraron en su frente y el pelo huyó de la cabeza, pero su mentalidad se mantenía aferrada a un pasado que era imposible repetir. ¿Por qué cambiar cuando había sido feliz así?

Con cincuenta años seguía viviendo con sus padres, despertándole su madre todas las mañanas para que fuese a su trabajo en una empresa de catering. Allí siempre veía cómo los clientes le trataban con un colegueo que le repugnaba: era gente desconocida tomándose unas confianzas a todas luces excesivas. No podía entender, pues no tenía capacidad para ello, que la convivencia social tenía una serie de códigos necesarios para engrasar las interacciones humanas.

Fue entonces cuando, al verse totalmente sobrepasado por la situación, optó por convertirse en otra cosa. Por eso empezó a tratar a todo el mundo igual, a vestir de manera estridente y a coleccionar comentarios inútiles que le permitiesen eliminar interacciones sociales. Cuando le tocaba ir a sitios elegantes por trabajo siempre mantenía unas formas equivocadas, comiendo con la gorra puesta y haciendo esperar a todo el mundo por su culpa. No entendía que no estaba allí por ser él, sino porque trabajaba con quien trabajaba.

Cuando viajaba ponía la música demasiado alta en los hoteles sin darse cuenta de que podía molestar. En los autobuses se negaba a usar cascos. Pisaba el césped. Bebía y fumaba sin importarle las consecuencias atrincherándose en una autenticidad que no era tal.

No era un rebelde sin causa, era un desubicado.

 

Foto de portada: ©Pexels

¿Te ha gustado el relato?

Deja tu opinión en un comentario o si lo prefieres cuéntamelo en Twitter o Instagram.

Y si quieres más puedes descargarte mis libros Confinados y Un día en la guerra totalmente gratis en esta misma web.

¡Disfruta de la lectura!

1 comentario en «Desubicado»

  1. Un buen tortazo que le enderezara la vida le haría falta.
    Me ha gustado, también esta vez
    Hoy desde Zumaia, mañana ya veremos.
    Un abrazo

    Responder

Deja un comentario