fbpx

Ruleta rusa en la oficina

Nunca se sabe cuándo va a ocurrir. Puede pasar un martes cualquiera, un jueves de cierre o un viernes a las doce. Solo hace falta que el jefe entre con cara de inspiración y diga:

    — Anoche vi una película buenísima.

Esas palabras avisan de que es posible que el día se eche a perder.

 

Hoy el jefe ha venido con el traje beige, el de las ocasiones especiales.

    — Va de una familia italiana muy elegante, muy unida —dice—. El padre tiene un negocio de frutas o verduras, no me quedó claro, pero el hijo pequeño no quiere continuar el negocio. Total, que al final todo acaba fatal porque los del almacén de enfrente intentan matar al padre y también matan al hijo mayor, y al final el pequeño, que no quería saber nada del negocio, se tiene que hacer cargo del puesto de fruta.

Y se va con la taza en la mano, satisfecho. Ahí es cuando se puede perder el día, porque todos dejan de lado sus quehaceres y se miran dispuestos a empezar a jugar a la ruleta rusa.

Carlos suelta el primer suspiro.

    — A ver gente, empezamos.

    — Negocio de frutas, hijo pequeño… ¿El de Slumdog Millionaire tenía un negocio de frutas?

    — ¿Y los asesinatos?

    — Igual que la jungla cuando contó Frozen, ¿dónde está la jungla en Frozen?

    — Pensemos, pensemos… Negocio de frutas, hijo pequeño que se hace cargo… —enumera Lucía—. ¿El padrino?

    — ¡Pero no va de un puesto de frutas!

    — Ahí está el reto.

    — Es que si lo cuenta así parece una película sobre agricultura familiar —dice Rosa.

Carlos asiente y decide iniciar la votación justo cuando el jefe vuelve a salir.

    — Antonio, llama a los de la central. Les voy a hacer una oferta que no podrán rechazar.

La oficina entera estalla en aplausos en cuanto el jefe se encierra de nuevo en su despacho. Lucía ha ganado.

 

Tres aburridos días después el jefe vuelve a entrar, esta vez con una expresión compasiva en el rostro.

    — He visto una historia preciosa sobre un niño que habla con un señor que está muy triste porque su mujer lo ignora. Al final resulta que el niño le ayuda a aceptarlo todo y siguen siendo amigos. Muy humana. Os la recomiendo.

Y se marcha.

Lucía levanta la ceja.

    — ¿Up?

    — ¿Alguien más piensa en El sexto sentido?

    — Sí, pero todavía no se ha enterado de que Bruce Willis está muerto.

   — Para el jefe nadie está muerto, solo en un momento complicado —añade Rosa haciendo el gesto de comillas con los dedos.

   — Le va a dar un infarto cuando vea el final de Titanic.

 

El siguiente ataque de cine llega una semana después, sin previo aviso. El jefe entra con energía.

   — Ayer vi una de un tipo con una máscara como de luchador mexicano que intenta salvar una ciudad llena de pijos egoístas. ¡Qué héroe! Un tipo que está con el pueblo, que lo hace todo por la gente… La terminaré hoy, ya os contaré.

Y se va tan contento.

   — Robin Hood —dice Lucía.

   — ¿Y la máscara? —niega Rosa.

   — El jefe siempre está del lado del que grita más —resume Carlos.

Y ahí queda la cosa, hasta el día siguiente, cuando a media mañana el jefe aparece con un traje negro de raya diplomática y el pelo peinado hacia atrás.

   — Bueno, anoche terminé la película —dice muy serio—. Resulta que el tipo ese con la máscara era el malo.

Silencio general. Necesitan una pista más.

   — Y el que parecía un millonario sin rumbo… ¡era el verdadero héroe! —concluye, como si hubiera resuelto una ecuación de Einstein.

En cuanto se va el revuelo es inevitable.

   — ¡Batman! —se levanta Carlos.

   — Ahora ya no tiene mérito.

   — ¿Cómo que no? Esta me la apunto yo.

   — Lo que tú digas…

   — ¿Cómo va el recuento este mes?

   — Déjame ver…

Lucía saca una libreta de un cajón y lee en voz alta.

   — Yo una, Rosa otra, Carlos dos, Antonio cuatro pero como está de baja ya no juega…

Así enumera todos los aciertos en la ruleta rosa cinéfila de la oficina. Una ruleta rusa que, aunque inútil, hace que las tediosas horas de trabajo se hagan un poco más llevaderas.

 

Foto de portada: ©Pexels

¿Te ha gustado el relato?

Deja tu opinión en un comentario o si lo prefieres cuéntamelo en Twitter o Instagram.

Y si quieres más puedes descargarte mis libros Confinados y Un día en la guerra totalmente gratis en esta misma web.

¡Disfruta de la lectura!

1 comentario en «Ruleta rusa en la oficina»

  1. Jajajaja a ese juego hemos jugado todos, diferentes años, diferentes intereses, diferentes apuestas….. El objetivo siempre es el mismo, hacer unas risas. Los jefes se prestan.

    Responder

Deja un comentario