Marcos espera paciente la llegada de Laura. Esta vez no han quedado por la zona que suelen hacerlo, y por ello ha decidido ir con tiempo. Tanto que ha llegado diez minutos antes a la cafetería propuesta por su amiga.
— Qué temprano —saluda Laura al entrar cuando el reloj marca la hora a la que se han citado—. No pareces tú.
— Calla, anda, calla, que me dices que quedemos donde Cristo dio las tres voces y…
— Perdona chico, es que hoy andaba apurada, que teníamos celebración en el curro.
— ¿Por?
— ¿Qué queréis tomar?
El camarero se ha acercado a tomarles nota y se aleja en cuanto tiene la comanda.
— Se jubilaba Anita, la de recursos humanos, y ha preparado un piscolabis de despedida. Le hemos hecho un regalo, se ha emocionado… lo típico.
— Qué bonito, oye, ¿qué le habéis regalado?
— Pues han cogido varias fotos que tenía guardadas la empresa y han impreso algunas en las que sale ella, se las han puesto en un álbum muy cuco y además le han comprado un collar y una pulsera.
— Bueno, no está mal…
El camarero viene con un Bitter Kas, un tercio de cerveza y un plato con aceitunas.
— Lo más emotivo —sigue Laura mientras limpia la boca del botellín con una servilleta—, es la gente que aparecía en las fotos. Me han hablado de un tal Ernesto que trabajó cuarenta y dos años en la empresa… ¡cuarenta y dos!
— Coño, sí que es tiempo.
— ¡Y nadie se acuerda de él!
— Mujer, alguien se acordará.
— Pues será en su casa, porque jamás me han hablado de él y llevo ya cinco años en mi puesto.
— Sería un tío anodino, de los que pasan inadvertidos…
— ¡Qué va! Me han dicho que era estupendo, divertido y buen compañero… ¡y nada!
— Bueno… también es normal, ¿no? —replica Marcos encogiéndose de hombros—. No podemos estar siempre pensando en los que ya no están…
— Si no digo que no, pero… da qué pensar…
— ¿En que a ti también te olvidarán en cuanto cambies de trabajo?
— Yo me refería a que en cuanto nombren al sustituto de Anita nos olvidaremos de ella, pero también.
Marcos niega con la cabeza y da un trago largo a su bebida.
— En cuanto haya alguien que sepa más o menos hacer tu trabajo, adiós. Ernesto, Anita, tú, yo…
— Pues qué triste.
— Anda que te pillará de nuevas.
— No, pero hoy lo he visto ahí, delante de mis narices.
— Para que veas lo que nos valoramos en según qué ámbitos de la vida.
— ¿Eso es lo que me valoras tú?
Marcos sonríe y vuelve a beber.
— ¿Hemos trabajado tú y yo juntos alguna vez?
— No.
— Pues eso.
Foto de portada: ©Pexels
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