Fue al girar el pasillo de la sección de congelados cuando les vi. Ella estaba eligiendo judías verdes, y él se le acercó por detrás y le dijo algo que no pude escuchar. En ese momento no me llamaron demasiado la atención; bastante tenía yo con acordarme de todo lo que tenía que llevar a casa como para reparar en todas las parejas que llenaban el supermercado. Menos aún en una pareja en particular. Sin embargo la reacción de ella hizo que perdiera el hilo de la lista de la compra. En cuanto se dio la vuelta y vio al chico, se puso a llorar.
La escena era curiosa: una pareja joven que parece que acaba de encontrarse y ella se echa a llorar al verle. Pero no se lanzó a sus brazos, ni le abofeteó, ni le gritó. Simplemente se quedó ahí quieta dejando que él sonriera y le abrazase. Yo miraba de reojo, tratando de no parecer un intruso, pero incapaz de apartar la vista. Había algo en ese abrazo que me atrapaba.
Pasó gente a mi lado y tuve que apartar mi carro y hacer como que buscaba las patatas fritas que quería entre la enorme variedad de sabores que poblaban los estantes. Cuando quise volver a mirar, ella se pasaba la mano por el rostro como intentando borrar los restos de las lágrimas, y ahora sonreía mirando al chico que la abrazaba. Hablaban con frases cortas que no podía escuchar, pero fuera lo que fuese que había pasado entre ellos ya era sólo un recuerdo.
Entonces vino la bofetada que esperaba, pero no fue una bofetada fuerte sino una caricia en forma de bofetada que hizo que los dos sonrieran. Como si aquel gesto fuese una especie de código secreto entre ellos que nadie más podía entender.
Después él empujó el carrito y siguieron haciendo la compra como si nada hubiera pasado. Un poco más adelante ella agarró una caja de cereales y él, entre risas, negó con la cabeza. Parecían cómodos, felices a pesar de la emoción que minutos antes les había abrumado. Siempre había pensado que el amor debía ser algo grandioso, algo arrollador, perfecto y sin fisuras, pero en ese instante, al ver a esa pareja, comprendí que no era así.
Entonces me di cuenta de que estamos demasiado contaminados con historias de amor arrolladoras, perfectas y sin fisuras que no se parecen en nada a la vida real. Porque el amor es eso, el empeño de dos personas por mantenerse juntas pase lo que pase. Entre cajas de avena y paquetes de granola si hace falta.
Foto de portada: ©Pexels
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Muy bonito y romántico, con lo difícil que es en situaciones de compras de mercado.
Me ha gustado mucho. Me ha alegrado el domingo.
Un abrazo
Jesús