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Todo va a salir bien

Llevaban meses de entrenamiento. Meses de trabajo para cumplir con su tarea. Nada podía fallar. Todo iba a salir bien.

José Manuel se encargaba de mantener las comunicaciones entre Robledo y Fresnedillas. Todos los equipos eran nuevos, pero habían sido probados en misiones anteriores por lo que su fiabilidad estaba fuera de duda. Por su parte Carlos se aplicaba en recoger todos los datos que enviaban desde Houston y a través de un proceso que había repetido ya cientos de veces enviarlo al espacio. La vida de dos hombres dependía de ellos.

El sudor se les amontonaba en las sienes mientas mantenían escuetas conversaciones por teléfono. La presión era enorme y no había suficientes cigarrillos en el mundo que pudieran calmarles. Sólo podían aferrarse a su profesionalidad, la pericia adquirida y su buen hacer. Todo iba a salir bien.

La elección de la estación de Fresnedillas para servir de apoyo a las comunicaciones entre Houston, el Columbia y el Águila no había pillado a nadie por sorpresa.

      – Es el mejor lugar —había dicho José Manuel cuando lo supo.

      – Y tiene la gracia de que una misión de miles de millones de dólares dependa de dos fulanos como nosotros —respondió Carlos.

      – Spain is different.

El punto crítico había llegado: el momento en el que Buzz Aldrin y Neil Armstrong desacoplaron el Águila e iniciaron el descenso a la luna. Los minutos pasaban mientras, con el retraso propio de los miles de kilómetros que les separaban, los mensajes entre Houston y la nave se sucedían sin descanso.

       – 60 segundos…

Desde el Águila la información de su descenso era continua, haciendo que Carlos y José Manuel tuviesen que trabajar a destajo con la presión de saber que la suerte de los dos astronautas estaba en sus manos.

       – 30 segundos…

En Fresnedillas las ganas de ir al baño aumentaban, pero no era el momento. Carlos daba brinquitos de vez en cuando para aguantar. De pronto se produjo un silencio que le quitó todas las urgencias. Un silencio largo, denso. Un silencio fatal.

Al rato, un crepitar: Houston… aquí base Tranquilidad… el Águila ha alunizado.

En sus puestos de Robledo y Fresnedillas, Carlos y José Manuel aplaudieron como locos al saberse los primeros hombres en la historia en escuchar un mensaje enviado desde la superficie misma de la Luna. Sin embargo no podían dejarse llevar por la euforia. Todavía faltaba mucho para que Aldrin y Armstrong pudieran salir del módulo lunar. La celebración que todo el mundo estaba iniciando tendría que esperar. Su responsabilidad era velar por que esos dos hombres que estaban solos en un peñasco en medio del universo se sintiesen arropados en todo momento.

Los cigarros se encendían unos con otros en vibrante tensión, minuto a minuto hasta que la Luna se escondió. Fue entonces cuando llegó la última retransmisión del día desde Houston para José Manuel y Carlos: Gracias, Madrid. Nos vemos mañana.

Los nervios se soltaron. La ansiedad liberó sus tirantes músculos. Las rodillas les temblaron.

Su parte del trabajo estaba hecha. Habían hecho historia escuchando el mensaje de Aldrin y Armstrong desde la superficie de la Luna, y en breve les verían bajar del Águila a través de la televisión.

Todo había salido bien.

 

Foto de portada: © Neil Armstrong

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